En un mundo donde chavales de 14 años o sus padres pegan a los maestros porque el chico, claro, merecía que le hubiesen puesto un 9 en el examen de Historia pese al detallillo de confundir la Democracia con una señora a la que acribillan a balazos en la Play Station; en un mundo en el que uno llega al banco, se planta frente a la cola de quince personas para una sola ventanilla –véanse cuentas anuales de estas entidades-, dice “Buenos días” y no sólo ya es raro que alguien responda sino que incluso te miran como si hubieses blasfemado; en un mundo donde una profesora de instituto propone a los alumnos enumerar en un folio por orden de importancia los valores que ellos consideran básicos en esta vida y, tras hacer un recuento, el más importante resulta ser “tener dinero”, superando a minucias como la libertad, la igualdad o la justicia, todo es posible. Y hasta comprensible.Por todo ello, el que siga habiendo organizaciones, clubes o asociaciones que buscan el educar, el demostrar que hay cosas más importantes que lo puramente material, que el éxito, que el ganar, que el intentar ser más que los demás, es la razón que debe llevar a un padre y una madre a inscribir a sus hijos en ellas.
Esos valores aparentemente sin importancia como el espíritu de sacrificio, el respeto a las normas y los rivales, el compañerismo, la disciplina con los entrenadores, el saber ganar y perder deben ser los que fundamenten nuestro club, sin esos pilares, esta "construcción" se viene abajo, nunca debemos olvidar donde estamos y hacia donde vamos.
El deporte es competición, la competición es superar a un rival, es ser mejor que el que tengo enfrente. En niveles de profesionalismo o de deportistas adultos ese es el fin, y por ello, todos los medios los pondremos a disposición de ese fin, al ganar como sea, si no se gana se fracasa, no se cumple ningún objetivo.
Pero cuando se trata de niños, nunca debemos olvidar que el resultado no es el fin, no es el objetivo, mejor dicho, no debería ser el objetivo; ese es un error que solemos cometer cuando trabajamos con deporte de base, confundimos los fines, sólo por satisfacer nuestro orgullo personal.
En mi trayectoria como monitor en el C.D.F.B. Bonares he pasado por situaciones de todo tipo, ascensos y descensos, he jugado finales, he descendido de categoría, he ganado y perdido infinidad de partidos y con la experiencia de los años vas viendo que los resultados son efímeros, que el éxito y el fracaso se esfuman al poco tiempo y lo que realmente queda son los valores de los que antes hablábamos, eso es lo que perduera en el tiempo, esa es la verdadera victoria, por eso es por lo que deberíamos luchar, el partido que siempre tenemos que ganar.
(Publicado por Manolo Garrido en el periódico BONASPORT nº 25)


